El reciente fin de semana estuve pensando en uno de esos episodios que, aunque ocurrieron hace más de medio siglo y no lo viví, siguen ocupando un lugar especial en la memoria de quienes disfrutamos del rock mexicano. Me refiero al Festival de Avándaro de 1971, un acontecimiento que para algunos fue un simple concierto y para otros representó un momento irrepetible de libertad, juventud y expresión cultural. Ya con los años es curioso que un evento planeado originalmente alrededor del automovilismo terminara convirtiéndose en el concierto de rock más importante de la historia de México.
Como un aficionado al rock que disfruta conocer y platicar las historias que se esconden detrás de los discos, las canciones y los artistas que marcaron a varias generaciones, hoy me atrevo a hablar de Avándaro, un evento que jamás presencie, pues era yo muy infante, pero es imposible no mencionarlo, porque más allá de los mitos, las exageraciones y las leyendas que surgieron después, fue un momento que dejó una huella profunda en la cultura popular de nuestro país y en el futuro del rock nacional.
Muchas veces se ha dicho que Avándaro fue como un Woodstock mexicano. Quizá la comparación sea exagerada, pero inevitable porque ambos festivales reunieron a miles de jóvenes alrededor del rock, las ideas y la convivencia. Sin embargo, Avándaro tuvo sus propias circunstancias. Ocurrió en un México que tenia el recuerdo vivo del 2 de octubre de 1968, por ello había desconfianza en quienes se manifestaban con la contracultura, el cabello largo, las expresiones juveniles y, por supuesto, el rock. Lamentablemente, después del festival, las críticas de la prensa nacional y la reacción de diversos sectores políticos contribuyeron a marginar al rock mexicano por muchos años.
El caso es que aquellos días de septiembre estuvieron llenos de música, pero también de historias de amistad, viajes improvisados, sueños juveniles y una enorme sensación de pertenecer a una generación que deseaba construir su propio espacio y su futuro. Avándaro no solamente se trató de una carrera de autos y la amenización con bandas y canciones; también implicó personas, experiencias y decisiones que terminaron influyendo en la historia cultural del país.
Y pues, una de las consecuencias menos visibles del festival que he comentado en platicas, fue el destino que tuvieron muchos rockeros después del escándalo mediático de los chayoteros de aquellos años. Dado que los espacios para tocar rock comenzaron a cerrarse, varias bandas desaparecieron, otras sobrevivieron refugiándose en los "hoyos funkys" y otras más, por decisión propia o por presión de sus casas disqueras, decidieron cambiarse a géneros musicales tolerados y más comerciales incluyendo el rockabilly.
Quizá el ejemplo más conocido sea La Revolución de Emiliano Zapata. Aquella agrupación que hubo alcanzado reconocimiento con su rock psicodélico y canciones emblemáticas como Nasty Sex, pero terminó encontrando una nueva etapa artística en las baladas románticas interpretando con un estilo grupero temas como: Ayúdame a olvidar y Mi forma de sentir, que sin duda fueron éxitos muy conocidos por el gran público, pero sin la trascendencia histórica y cultural de sus grabaciones rockeras.
Actualmente muchos fans consideran aquel cambio como una "traición" al rock. Sin embargo, entendiendo el contexto histórico es posible sospechar que la banda sencillamente buscó una forma de sobrevivir en una industria que, siguiendo las ordenes del gobierno, canceló cualquier oportunidad al género rockero. Entonces, mientras algunas bandas optaron por reinventarse, otras, como Three Souls in My Mind, decidieron permanecer fieles al rock, pero ocultos y lejos de la radio, la televisión y los grandes escenarios.
Toda esta historia vino a mi memoria al ver la película Autos, Mota y Rocanrol de José Manuel Cravioto. La película es como un falso documental, ilustrativo de los acontecimientos que rodearon la organización del Festival de Avándaro, y su trama son las peripecias de los jóvenes, hoy famosos, que hicieron posible ese evento que rebasó todas sus expectativas.
La película presenta a Alejandro Speitzer interpretando a Eduardo López Negrete, conocido como "El Negro", y a Emiliano Zurita interpretando a Justino Compeán -ex-directivo del futbol mexicano y de los equipos de Televisa-; ambos fueron los principales impulsores del proyecto que originalmente pretendía promover una carrera de autos amenizado con un festival musical. Y lo que comenzó como una idea aparentemente manejable terminó convirtiéndose en una convocatoria masiva que rebasó todos los cálculos de sus organizadores.
Además aparecen otros personajes vinculados con la historia real del festival; Iván Lipkies interpreta a Luis de Llano, productor de Televisa que ahora esta en el centro de la polémica por abusar de una conocida adolescente del grupo Timbiriche, y Carlo Basabe encarna al decadente publicista e ignorante politólogo Carlos Alazraki. El caso es que tales personas participaron en la compleja organización de aquel fin de semana que terminaría pasando a la historia.
No pretendo ni estoy capacitado para hacer una crítica cinematográfica ni una reconstrucción del festival, sino solo comentar que en mi opinión la película no trata de dar una lección de historia ni presentarse como un documental. Más bien sirve para recrear el espíritu de aquella época: el optimismo, la improvisación, el caos, la duda y la sensación de que algo extraordinario estaba ocurriendo, a pesar de la censura y vigilancia del gobierno echeverrista. Por todo esto, quiero compartir la película con quienes disfrutan del rock mexicano, de las historias ambientadas en los años setenta y de esos momentos donde la realidad terminó siendo tan sorprendente como la ficción. Y, más allá de las situaciones cómicas y de las aventuras de sus protagonistas, creo que la película permite conocer uno de los episodios más fascinantes de la historia rockera nacional, al margen de lo que dicen las crónicas, publicaciones y entrevistas.
Particularmente creo que muchos conciertos terminan cuando se apagan las luces y los amplificadores. Pero otros, como Avándaro, continúan viviendo en las canciones, en los recuerdos y en la admiración de quienes no tuvimos posibilidad de asistir, pero que ahora el cine se ha encargado de mostrarnos, con otros detalles.
Atentamente
M.M. Perseo Rosales Reyes
Referencias
Festival de Avándaro. (s. f.). En Wikipedia, la enciclopedia libre.
https://es.wikipedia.org/wiki/Festival_de_Av%C3%A1ndaro
La Revolución de Emiliano Zapata. (s. f.). En Wikipedia, la enciclopedia libre.
https://es.wikipedia.org/wiki/La_Revoluci%C3%B3n_de_Emiliano_Zapata
Avándaro 50 años: cuando el rock mexicano perdió la inocencia. (2021, septiembre 20). Rolling Stone en Español.
https://es.rollingstone.com/avandaro-50-anos-cuando-el-rock-mexicano-perdio-la-inocencia/
Avándaro, Rock y Ruedas: una mirada desde la óptica de Justino Compeán a 50 años (2023).
https://revistaehr.ibero.mx/pdf/indice_contenidos/4to_numero/AVANDARO_.pdf

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